“Todos son
iguales”, decía yo a los 9 años el día de mi cumpleaños, pues mi padre me había
plantado en un día de paseo que había sellado con una promesa. El hombre más
importante de mi vida me había sacado lágrimas... me había fallado.
Es cierto
que las chicas somos más sensibles y creyentes (aunque aparentemos todo lo
contrario). Nos enamoramos con más facilidad y sobre todo si no tenemos a Dios
como centro de nuestras vidas.
Cuando nos
enamoramos de cualquiera que dice amarnos y apreciarnos por un momento de
placer o por pasar el rato, le dejamos a esta persona que nos ponga una venda. Es
curioso porque precisamente las vendas sirven para cubrir una herida no para
sanarla. Entonces, tú sólo cubres esa herida que tu pasado te dejó, ese abrazo
que papá nunca te dio, esa vez que quisiste que alguien te escuchara y no había
nadie, esas veces que un hombre te hizo daño, simplemente dejas que alguien más
trate de cubrirla.
Ahora me
pregunto y te hago la pregunta a ti: “Si los hombres son todos iguales, ¿Por
qué no aprendemos la lección?¨ Difícil
encontrar la respuesta ¿no?, ¿No será que siempre escogemos a los mismos malos,
vagos y sin rumbo? Cuando me hice esa pregunta, hallé mi respuesta: Ningún
hombre de esta tierra podrá borrar mi pasado lleno de dolor pero sí hay alguien
más grande que puede hacerlo por mí:
¨Restaura a los abatidos y cubre
con vendas sus heridas.¨
Salmos 147:3
Por culpa
de tu experiencia personal con un hombre es que te atreves a decir que lo que
sufriste fue obra maquiavélica de un ser llamado ¨Hombre¨ y generalizas por el
despecho y luego te desquitas a la defensiva con los que sí valen la pena.
Debes
saber que Dios nos hizo a todos diferentes y únicos, incluyendo a estos seres
llamados ¨hombres¨ que a veces son difíciles de entender, pero tan predecibles.
Así que no todos son iguales, porque no todos somos iguales. Ni siquiera los
gemelos son iguales. Somos únicos porque el más creativo de todos nos hizo:
“Tú creaste mis entrañas; me formaste en el
vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras
son maravillosas, y esto lo sé muy bien! ...
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo
estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no
existía uno solo de ellos...
Salmos 139:13-16
No todos
son iguales pero si los que escogemos. Si has escogido a un hombre por su
físico o apariencia y pretendes que te importa el interior cuando es todo lo
contrario, déjame decirte que:
¨Engañoso
es el encanto y pasajera la belleza..”
Proverbios
31:30
Vaya que
sí sufrí, y cada vez más se amargaba mi corazón. Y por supuesto, me refugiaba
en esa frase. Empecé a hacerle daño a los que estaban a mi alrededor pensando que era lo justo por haber sufrido
tanto. Y conocí a muchas más que pensaban que estaban destinadas a morir solas
o que simplemente había que aceptarlos como son y acostumbrarse.
Decía
Albert Einstein: ¨Hacer lo mismo y pretender resultados distintos es sinónimo
de locura¨.
¿Por qué
no intentas algo distinto que te haga sufrir menos? ¿Porque no escoger al único
que no te falla? ¿Porque no vives una verdadera historia de amor con él?
¨Él es mi Dios amoroso, mi amparo,
mi más alto escondite,
mi libertador,
mi escudo, en quien me refugio...¨
Salmos 144:2
El día que
yo me enamoré de Dios, fue mi primer día de servicio y ¿sabes? ahí conocí al
que hoy es mi esposo. Un hombre que me ama, un hombre distinto a los que
siempre escogí, me respeta y con el cual cumpliré 4 años de casada y más
enamorada que nunca. Supe que la mala para escoger era yo y deje que Dios
escogiera por mí. Y a su tiempo se dieron las cosas.
Dios habla
a mi corazón hoy y me dice que hay una chica que está leyendo este artículo,
piensas que no vales la pena porque muchos te botaron, te usaron como objeto
sexual y te sientes sucia y que no te mereces vivir. Dios quiere decirte que te
ama y que para Él tu vida vale mucho más que el oro, que ha estado contigo en
esas noches de dolor, esas noches en las que necesitas un abrazo, él te ha
visto y que ha querido consolarte, pero es un caballero y necesita que lo dejes
entrar. Haz esta oración conmigo:
¨Mi Dios,
mi creador, ahora sé que tú me creaste y que soy única para ti. Quiero tenerte
en mi corazón, quiero amarte cada día más, quiero enamorarme de ti. He
comprendido que solo tú no me fallas y yo ya no quiero fallarte más. Te ruego
entres a mi vida para nunca irte. Te acepto como mi Padre y protector.
Perdóname por no reconocerte antes. Amén.¨
¡Ora, Apréciate,
date tu valor y deja que Dios escoja por ti !
¡¡Eres una
princesa de Dios y te mereces solo lo mejor!!
Si tienes
algo que compartir o simplemente contar algo, escríbeme a mi correo: g.fraggi@hotmail.com
Escrito
por: Gabriela de Escalante
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